domingo, 31 de octubre de 2010

(Es lo mismo, siempre)

La jauría extremista se apodera de nuestro arte,
sus pasos resonantes y de gratificación infernal
vendrán por ti, ya sabes, lo que más sabes hacer
caer, verte sufrir y morir.

Necesito tiempo, Creador, dame la noción esencial del tiempo
te lo pido, pues mi arte es carente de exitencia propia
aquellas manos invisibles no parten del hemisferio opuesto
sino del alma que me llena cuando hago lo que me gusta.

Las calles trágicas ahora son tierras grises de mi amor muerto
y las manos ahora son los pies de la realidad,
nuestra mente decadente ahora sabe la verdad,
quién no desea la muerte después de cometer el pecado de haber amado.

Ahora que caigo y sigo cayendo, veo y sufro pero no temo,
el temor me envolverá en su sábana de tierna sangre opaca
y en menos de un segundo, pensaré como todo el mundo,
cuando yo no soy todo el mundo, sino el mundo soy yo.

Termino en mi destino, el cerrojo de oro se expande formando una silueta
cuya profundidad me encrispaba de nervios
sólo la mano podía extender, y conocer la nada me intrigaba a caminar.
La espera es corta luego de ver los rostros de mis padres, luego llorar.

Ver el viaje de mi vida, nadar entre estrellas, el coctel animoso
me hace sonreir, el nadar me hace sentir el vivir
y así llego al final, cabe mencionar lo trágico que me tocó mirar
mi cuerpo hechado, crucificado, muerto pero no sepultado.

Así pude ver mis años de caminar, reir y siempre llorar
caminé y conocí, mencioné pero nunca pensé
los años del organismo vivo hecho carne, luego pasó la historia llegó a pasar.
Caminé, pero la meta nunca la llegué a trazar.

"Nunca Encontrarás Amor En Barranco"

(...) Lo que uno a veces no puede entender es el cómo influye las emergentes juergas barranquinas en nuestra vida social, sobre todo en un aspecto más lúgubre y carente de sentido, como el de encontrar amor en ese distrito, a partir de las 11 p.m., que es la hora donde todo empieza, desde el título de esta novela. También el remarcar que Alberto empezó de la misma manera, buscando el amor de su vida en los bares y discotecas más recurrentes de Barranco. Es sencillo, sobre todo si es que relato el inicio de todo esto, hace unos 5 años.

Alberto, con 18 años y 3 meses, justo había terminado el colegio. Claro, no es necesario denotar su casa de estudios porque no interesa en estos momentos, pero vale mencionar que eso le da cierto “estatus” a lo que vendría a ser su propia vida social, su mera burbuja. Tanto él como sus amistades usaban sus fines de semana para libar, escuchar rock en los bares, y si les daba cabeza después de tanto alcohol, buscar mujeres tan fáciles como ellos en cualquier estado mental. Es así como inicia todo este relato.

Alberto y su mejor amigo, Luis, ambos del Carmelitas, colegio elitista a más no poder, sorprendían el ver cómo juntaban sus monedas para establecer un presupuesto de diversión juvenil moderna limeña y para nada aburrida. Los cigarros, las cervezas, la movilidad, todo eso era meticulosamente analizado por ambos hasta llegar al punto de hacer una lista intangible, por no decir itinerario, de cosas por hacer al momento de llegar a Barranco. Los padres nunca fueron un problema para ellos. Alberto no habla con su padre desde hace más de 10 años, pobre la madre, odio cuando la veo así, preocupada hasta altas horas de la noche preguntando por su hijo, pero no se toma la molestia de llamarlo para no joder su libertinaje, claro está. En el caso de Luis, la cosa es un poco distinta. Sus padres no son separados, pero digamos que ellos no tienen las energías como para estar pendientes de las travesuras de su propio hijo, único para concha. El consentimiento resurge como un géiser en esa casa, ambos trabajan duro para darle lo mejor a Luis, único hijo. Creo que eso ocurre en la mayoría de casos, en mi opinión. Pero, ahora que los veo bien a ellos, refiriéndome a sus padres, creo que esto se debe a la poca atención que le tienen a él, sacando de lado los caprichos, entre otras cosas. He ahí supongo que aparece el entendimiento que tanto Alberto se tiene con Luis en ese aspecto, el sentirse lo suficientemente libres como para hacer lo que quieran, y conseguirlo, siempre.

Luis termina siendo el más romántico y Alberto el más directo. Son una mezcla para la nómina exclusiva del llamado gilero que todos los jóvenes de ahora conocemos, sobre todo para las chicas, al parecer. Pero qué más pueden pretender unos jóvenes de 18 años de edad, precoces en todo sentido, energizados por la diversión que da el alcohol a sus mentes y el buen rock. Aunque, claro, su amistad proviene de muchos años atrás, con la inocencia empedernida e inmaculada, los juegos y las chicas eran y son polos distintos para ellos, en este momento. La vida es muy corta como para estar pensando en banalidades, no es necesario para ellos ver la seriedad de la vida, sobre todo si es que hablamos de un sentimiento como el amor. Por ahora.
(...)

lunes, 25 de octubre de 2010

(Tragedia)

Mi chica tragedia es mi chica mortal,
desde las oraciones más cortas, infieles
como las cartas de mi razón, siempre sutiles.
Qué puedo esperar sino la luz del tunel al final.

Mi chica tragedia prefiere caminar y no volar,
pues lo mundano abarca su proyección desde el inicio
hasta el final.
Qué más puedo pedir sino la preferencia astral, por mi tristeza infernal.

Mi chica tragedia no es de oído a mano y pensar,
cabe la duda de la profundidad de sus ojos al querer nadar
yo, sumergirme en sus pupilas y preguntar.
Qué más puedo preguntar si la última frase no fue más que un balazo terminal.

Odio que mis dedos se muevan al son de su libertad,
prefiero volar y no caminar
si es que la respuesta
en el cielo, debe estar.

jueves, 21 de octubre de 2010

Sueñen entre dos, fácil comparten algo



My Morning Jacket - Rollin' Back



Roxy Music - Avalon



Radiohead - Bodysnatchers

- Hagan esto:
1° Pónganse sus audífonos
2° Si quieren, pueden cerrar los ojos
3° De nada

"Nunca Encontrarás Amor En Barranco"

(...) Ella tenía puesto una gabardina color verde oscuro, muy al estilo europeo "hipster" que se puede ver tanto por estos lares de la Lima moderna romántica. Al salir de su casa no pensaba en otra cosa más que en su hombre, él echado en la cama de ella, durmiendo cual animal disfrutando del ambiente vertiginoso de las sabanas africanas. Pensaba en la gratificante noche que tuvieron juntos, sin roce alguno, sólo miradas y risas, juventud explotada por sentimientos que no llegaron al coito primitivo y fundamental en cualquier relación. No, ellos no. Ellos son distintos, pues se entienden mutuamente. La simbiosis creada entre sus auras putrefactas de amor incondicional hace que su relación funcione de una manera se podría decir, algo interesante. Sí, esas ideas van por su cabeza mientras camina por la vereda rumbo a su tienda favorita de discos. Ella sabe lo que le gusta a él, lo conoce tan bien que no puede fallar en esta ocasión de poder sorprenderlo. Le añade su toque alpinchista al simplemente coger el disco, ponerlo en su cartera, y caminar como si estuviese en el parque más tranquilo de la zona miraflorina donde ella vive cómodamente.

Al caer en la intersección de Benavides con Tarata, decide sacar el disco de su cartera para ver que no hubo error alguno en su hurto juvenil. Pues vio que sí, su acto fue tan celérico que cogió el disco equivocado, era de un grupo Indie Pop esos que tanto suenan allá en la lejana Inglaterra, las nuevas prostitutas del rock genérico moderno que sólo saben venir e irse, así de simple y rápido, tal como suena.

Terminó destrozada y cansada por el viaje, pues equivocarse no estaba en su guión. Pobre de ella, se nota que sufre por querer impresionarlo. Bueno, no es de menos esperar algo así viniendo de alguien cuyo amor no es tan fácil de dominar hacia su pequeño caballero de espada dominante y mirada fulminante.

Al llegar a la casa, triste y afligida, no tuvo otra opción que sacarse la gabardina, tirar sus zapatos de gamuza con taco alto, entre otras huevadas dignas de una mujer parisina, para después tirarse en su cama y abrazar a su hombre. El estruendo creado por el colchón despierta al pobre mancebo, con un mechón de su largo pelo metido en su boca.

- ¿Qué pasó? ¿Qué hora es?
- Son las 11:43 de la mañana, exactamente.
- Veo que llegas de la calle, tus labios están pintados.
- Lo sé, salí a comprar un disco, quería complacerte por lo de ayer. Fue genial, tan tranquilo pero divertido, que siento que lo que hacemos no hace ninguna otra pareja. Somos más que el tejido creado por el lunar más diminuto e insignificante de todo esta constelación estelar. Es por eso que te compré este disco.
- Vaya, salió tu poeta interior. Eso no lo sabía, eres bien elocuente a veces con tus palabras. No sólo tu rostro parece ser fino, después de todo.
- Jajaja, son huevadas, pues así es, no me conoces por completo. Bueno, saquémonos el clavo, nunca nos podremos conocer al cien por ciento. Es demasiado utópico pensar algo así, no está en nuestra naturaleza, el factor sorpresa siempre rige nuestras vidas hasta tener lo último que nos queda por conocer en la palma de nuestra mano.
- Eres inteligente.
- Sólo me gusta ver el sentido común a las cosas. Eso es todo.
- ¿No me dijiste que tenías un disco para mí?
- Sí. Este de Grizzly Bear. Me parece que es muy bueno. Algo me lo dice.
- Wow. No sabes cuánto me gusta este grupo. No sabía que ya habían lanzado un nuevo disco, me sorprendiste. Jaja, en serio, no puedo creerlo. Me encanta. Gracias.


Luego del beso de agradecimiento por parte del iluso compañero, ella no supo cómo reaccionar ante su sorpresa por el aquel desconocido gusto que tenía por ese género musical, bien ella pensando en un prinicipio que lo detestaría desde el inicio. Su rostro cambió por completo luego de aquel "gracias", debieron verlo, era como para reírse. Fue tan clásico pero predecible, pues, esto fue el mero ejemplo de cómo uno no puede conocer por completo a alguien. A Lucía no le quedó otra que sonreir a la par con Alberto, mientras ella se aproximaba a la cocina para cocinarle un desayuno y tratar de saber más de él, claro, solapando el honesto error que cometió hace casi una hora.
(...)

miércoles, 20 de octubre de 2010

Notas: VII (Final)

Se alza el cielo de puro tormento e injusticias,
como el último viaje al centro del Sol.
Caí en el estanque oscuro creado por Caos,
la problemática usual de mis palabras.

Mi facilidad de romper barreras ajenas, lo he vivido
y asumo mi responsabilidad. Fue mi culpa.
Abrí la puerta desconocida y recibí un destello
mismo fragmento condenado a no querer escuchar más.

Que las tertulias, las palabras, las oraciones
del maldito creador, vengativo pensador
las vastas llanuras envueltas en llamas por tu traición.
La piedad no recurre como la sangre por en las venas.

Sólo emano energías para recibir mis alas,
rezo para que pesen como el plomo, agraciadas
del color más tenue posible y sólo alcanzar
la mañana siguiente por vivir, por condena infinita.

¿La vida misma qué me ha enseñado?
Son pocos los años que tengo para aclarar las dudas,
prefiero alzar la mano y coger no el cielo, sino la verdad.
Pues la verdad quemará como el infinito del alma.

lunes, 18 de octubre de 2010

"Un Mundo Para Ellos"

Esta supuesta carta -bien puedo declararme culpable de darle esta etiqueta- la escribió una chica que encontró esa "comodidad" especial, esa comodidad que uno puede buscar por mucho tiempo, de maneras casi innombrables e incalculables. No sería exagerar el denotar que hasta casi toda una vida para ciertas personas. No todos somos iguales, esa es la cruda verdad, pero, esa es la gracia de nacer y vivir, supongo. No es que haya cierto énfasis en crear un melodrama, pero a veces este tipo de cosas llegan a ganar un sentido desde la manera más melancólica y triste posible, lo duro de ver la realidad cuesta caro a veces. Ella nos indica que él sirve como una estabilidad en su ser, la comodidad, pero sin dejar de lado el verdadero enamoramiento que posiblemente surga en otro tiempo, el no descartar nada en esta vida. Supongo que todos llegamos a pensar en algo así durante ciertos periodos de nuestra vida. He aquí el texto:

Hay algunas piezas que encajan perfectamente sólo cuando estamos cerca. Pero no te lo digo. Así como nunca te digo lo que siento.
Tus ojos. Me gustan tus ojos. Cada rasgo de tu cara. Los mismos ojos hoy y ojalá que los mismos mañana. No serían demasiado sin tu mirada. Qué intrigante. ¿La mirada será parte del físico o parte del alma? Siento cosas que no puedo describir (toma en cuenta que no me gustan las palabras vacías), pero puedo explicarte lo que se siente y pedir silenciosamente que no pienses que intento excusar mis puntos en contra.
Estoy echada a tu costado y no te miro. Entonces no puedo imaginar una felicidad más grande para este momento. Una felicidad más grande que tener tu cuerpo cerca, refiriéndome no sólo a las partes sobreentendidas, sino a lo que representas. Un hombre lleno de ideas, de experiencias, de habilidades. Nada más feliz que un momento sin interrupciones, aunque suela sentir que en este mundo no puede haber un lugar para el amor que no sea interrumpido. Y la felicidad no se trata de sonreír todo el tiempo. No para mí. La felicidad es tranquilidad, estabilidad, paz interna. Pero debo decirte que no estoy acostumbrada. Y no es por falta de otros sino por lo que tú eres. Pon énfasis en “tú eres”. De hecho, me interesaría poco si no se tratara de ti. No te tengo miedo pero le temo a la manera tan irracional con la que sé puedo llegar a quererte. Es agobiante. Va más allá de lo que puedo comprender, por eso callo. Por eso puedo comportarme de maneras que yo misma reconocería como nada motivantes. Y luego sorprenderme por tu paciencia. Y temer que se acabe de repente.
Me preguntaste si creía en Dios. Creo en Él más de lo que piensas. Sería difícil entenderlo si me conocieras más. Soy una persona de hechos, de soledad. Es una contradicción. No quiero ser afectada por alguien que no sea Él. Sin embargo, al mismo tiempo pienso en mi futuro y en lo triste que resultará si mi estado aumenta con los años. Ese estado que va progresando y que lamentablemente me agrada. Me gusta estar sola. Corrección: me gusta demasiado estar sola. Pero qué feo, ¿no? Quedarse solo. Sé que probablemente me siga gustando pero no estoy segura de cuánto durará porque sé que ningún ser humano puede desinteresarse de otros. Personas como tú me hacen reflexionar. Sigo echada y pienso en lo irresistible que sería que alguien pudiera afectarme. Por ese instante me deja de gustar la idea de estar cerca. Hasta que tengo que aceptar que quiero estarlo. Suelo desearlo. Aunque tengas todo lo que necesitas para dañarme si algún día quieres hacerlo. No digo que vaya a pasar, pero de todas maneras. Rayos. Qué estresante que no pueda quedarme satisfecha. Como si las palabras que en poemas suenan exageradas hicieran que en una prosa vaga mis sentimientos disminuyeran en significado. El idioma los vuelve limitantes.
Me desvié. Abarco mucho en lo que debería quedarse en un párrafo de 4 líneas. Pediré entonces mi primera disculpa por poner nuestra situación en un asqueroso análisis acerca de lo que podrías ser. Sobre todo porque me agradas. La segunda disculpa es más para mí que para ti. Estoy en mi cama, me pongo los audífonos y creo una nube retrospectiva acerca de todo lo que dije e hice el último día sabiendo que podía desagradarte. Peor aún, recuerdo todo lo que pude decirte porque de verdad lo sentía, empezando por un “eres genial, podría escuchar siempre tu voz y tu música y me interesan infinitamente tus explicaciones y aunque nunca lo haga quiero abrazarte y besarte y tocarte y dejar de fingir que cada uno de tus movimientos me es indiferente y aclarar que lo que hago lo hago por una desesperación que no se trata de mí sino de ti porque considero que eres el indicado y no sé si vaya a encontrar a alguien que me haga sentir la misma comodidad y las mismas sensaciones, alguien que me toque de la misma manera; quizás algún día me enamore de otro pero eso no implica lo demás” y terminando en “mis contradicciones sólo pueden quedar en segundo plano por ti”. ¿Qué más podría hacer? Decírtelo en la cara, tal vez. Pero probablemente te incomode. Ese día sentí por primera vez que lo que puedo decir no es suficiente.
Creía que la única manera de ser incongruente con uno mismo era la hipocresía. Para salvarme. Para tener la convicción de actuar al ritmo de mi cabeza. Pero no, supongo que tan malo como ser hipócrita es dejar desde los pequeños detalles hasta las grandes ideologías solamente en las neuronas.
Dame tiempo para dejar de ser hipócrita. Me gustaría que pudieras leer esa parte de mi cabeza que esconde mi esencia para que así puedas saber que lo que me reprime es el miedo y no mi verdadera forma de sentir. Mi comportamiento no es un reflejo de lo que siento. Es un instinto. Una impulsividad ocasionada por el miedo a la vulnerabilidad.


Le pedí permiso para poder publicar esto en mi blog, ya que me gustó mucho la estructura no intencionada de la "carta", y quién sabe? Posiblemente el mensaje que nos da todo esto al final.