domingo 19 de febrero de 2012

El amor es mi abeja de pedigree.
Hojas que el océano trae a mí
y es grande, muy grande
el barco Solano.

Un reto a mi mismo,
yo en mi isla de trabajos
y promesas rotas
Esperando mi prometida balsa roja.

El amor es mi remo de marfil
y la balsa roja nunca llegará,
pues mi corazón me dijo
que se hundió en Panamá.

domingo 15 de enero de 2012

"Burma, Perros Miraflorinos"

(...) Mientras uno le pedía perdón a la letra A, el sujeto ensangrentado terminó por llamar a su madre y mencionarle los últimos minutos de vida que le quedaba. La señora no entendió en lo absoluto cada palabra que salía por el teléfono de su domicilio. Supongo que era por el hecho de que en realidad nunca pudo conocerlo. Nunca entendió una sola palabra proveniente de sus labios, de su boca, ya que este señor no sabía hablar y llorar al mismo tiempo. No sabía conjugar sus penas con los artículos y verbos necesarios para que su madre pudiese comprender la amargura y densidad por la que su hijo venía viviendo desde el primer día que vio la luz en el quirófano, una tarde de Mayo. Ella sólo atinó a agarrar su viejo álbum de fotos y ver cómo su pequeño retoño agarraba una guitarra del tamaño de su padre a los cuatro años de edad y verlo sonreír, sonreír de espaldas y el reflejo mismo de su rostro en el espejo de la sala de estar.

"Es grande y fuerte, es grande y fuerte porque así decidí hacerlo bien me fijé en sus ojos", mencionaba su padre al momento en que la cámara lo enfocaba, bien comenzaba el documental sobre la vida y muerte de su hijo. Uno no podía esperar mucho de alguien que no pudiese redimir sus pecados en base a canciones de liturgias y decepciones morales sobre una sociedad en cúspide y caída retrógrada, siguiendo ese esquema de inicio-final.

Todos lo entendían, todos en un lapso de diez minutos pudieron entender la escena de sangre y gritos por los transeúntes que miraban la muerte de este señor visionario. Alguien que no podía ni mencionar su primer amor, pero pudo prevenir la catástrofe ética más grande de la sociedad peruana desde las décimas perdidas de Nicomedes de Santa Cruz, desde una perspectiva ignorante claro está. Pero el relato empieza después, cuando la ambulancia y el señor de la letra A empiezan a bordear su cuerpo inerte.(...)

Y qué si tengo años por perder
por personas que a mi derecha
suelen desvanecer,
o sólo sollozos esperando por gemir.
Pues he caído en grandes pozos
con gritos de angustia y pérdidas
por no saber apreciar
lo que uno suele guardar en su bolsillo
para luego sacarlo y llorar.

sábado 31 de diciembre de 2011

Envidio a los que agarran una guitarra y sólo dicen lo que deben decir.
Sólo mencionan lo que saben, sin pretensiones y sin glorias,
sólo quieren contarte una historia.
Yo podría ser uno, como tú también lo podrías ser.
Puedes cantar una nota, mientras yo puedo acompañarla
con sollozos y amalgamas.
Podría intentarlo o morir en el intento de vivir y no haberlo logrado,
y morir.
O tal vez vivir sin contarlo pero haberlo intentado.
De igual manera, el tiempo se me hizo arena
y mis manos siempre fueron pequeñas.

viernes 23 de diciembre de 2011

El sol se cubre
con la gracia
de mis ojos
casi nulos y cerrados.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Son las nuevas mujeres
que gustan de los extraños.
Son aquellas que se fijan
y se regocijan
en el color y el pelo.
No las entiendo.
Cursiva.
Negrita.
Publicar o no publicar.
Si tu foto es vieja, ahora
el viejo soy yo. Fui viejo
para ella, mientras
lo triste es relevante
y las notas son gotas de pintura
y poemas tontos
sobre el último sueño que tuvo
luego de ingerir dolor.

Son las nuevas mujeres
que me dejaron sus zapatos
para no seguir sus huellas.
Por no querer encontrarlas
guiándome de sonidos y palabras
ahora sigo las tonterías
y las filosofías.
Las filosofías juveniles
ahora las encuentro en tazas
de café, vacías.
Luego de limpiarse la mente
con ventanas y recuadros
de códigos binarios,
ahora les toca sumergirse
en cloacas de sangre insípida
representando amor y odio
por la calle que las parió.

Ellos y ellas, flores e insectos
paisaje meridiano
y el sol es grande, es enorme
como las pupilas
que muestran sonrisas,
entre ellos sólo son libros
y música de ébano,
tan raro como el marfil
enterrado en el perfil
de mis compañeros, frágiles
por vivir.
Mientras yo
no acepto el dirigir
ni menos el elegir
la calma que vuela dentro de mí.

domingo 27 de noviembre de 2011

Prefiero empezar ignorante
y terminar ignorado.
Antes es la caída del agua
del grifo, del grito
y de mi dolor particular
que crean motores
de chasis.
Adiós a la garza que brilla
y que vengan los platillos
para la buena nueva,
la bella colorada
que nunca se ganó mi amor.